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VOLARÉ

“Con motivo de haber inventado un aparato que bien pudiera llamarse velocípedo aéreo, creo mi deber dedicarlo, antes que nadie a mi patria, por lo que me dirijo a usted para si tiene a bien ayudarme… (José Martí)

Ese fue el SOS de Arturo Comas Pons, sabio cubano aún ignorado por las enciclopedias aeronáuticas, a pesar de que se le considera el pionero de la aviación en el mundo.

Esta es la irrebatible verdad de que un cubano fue el primer humano en volar; atestiguada por lo acontecido en el habanero pueblo Bejucal, durante 1893, años antes de que los norteamericanos hermanos Wright lograran hacerlo en el aparato que les lanzó a la fama como los ¿primeros que volaron? en el mundo.

Arturo Comas Pons no pudo contar con el apoyo de José Martí! y jamás logró que el Congreso de EE.UU le patentara su novedoso Velocípedo Aéreo.

Los incrédulos que niegan la existencia de este genial inventor cubano, sepan que hay un arsenal de pruebas que ratifican su nacimiento el 5 de junio de 1835 en Bejucal.

Los que acusan a los estadounidenses hermanos Wright se haber “copiado” a Comas Pons, sabrán que nunca fue así y que ese par de talentos gringos son tan excepcionales como el genio cubano.

En la historia de la aviación mundial se da por hecho que fueron los hermanos Wright los primeros en volar, en un aparato más pesado que el aire. Eso ocurrió en 1903. Sin embargo, mucho antes, en Cuba, alguien logró esta hazaña: Arturo Comas Pons.

Muy poco se sabía por aquel entonces sobre algo que no existía aún: la aviación. Escasos hombres lo intentaban. Los trabajos de Arturo Comas Pons estuvieron fundamentados sólo en los principios formulados en 1809 por el ingeniero inglés Sir George Cayley.

Inglés exuberante (1773-1857) que inició el estudio de la aerodinámica cuatro décadas antes del vuelo accionado. Fue creador de una amplia variedad de proyectos de ingeniería. Entre sus inventos sobresalen los diseños experimentales para los helicópteros, y una clase de motor de combustión interna aprovisionado con pólvora.

Cayley en mucho contribuyó a los campos de los motores de calor, de la electricidad, de la balística, de la óptica. También experimentó con los planeadores del modelo libre-vuelo, y continuando con sus inspiradoras observaciones sobre la movilidad de los pájaros, identificó a las cuatro fuerzas que influyen en un avión: empuje, levante, arrastre, peso. A Cayley se le recuerda principalmente por sus máquinas de vuelo: el planeador pilotado que diseñó y construyera. George Cayley es reconocido como el primer ingeniero aeronáutico.

Arturo Comas Pons, quien creció con el don de la ingeniosidad y vivía fascinado por crear un artefacto aéreo tripulado, consultó los estudios de Cayley, pero no le bastaba, y se decidió a experimentar.

Con los conocimientos adquiridos en su búsqueda, Arturo diseña y crea un monoplano a pequeña escala que pesó 28 onzas. La armazón fue de varillas de madera y papel, las aspas de cedro y el motor era una máquina de reloj reforzada.

La prueba tuvo lugar en la sala de su casa y los resultados superaron con creces las expectativas: al accionar el mecanismo, el aparatico tomó una altura inesperada, impactando contra el techo. Aquel fue el primer paso hacía el objetivo supremo del joven científico, volar.

Transcurrieron otros tres años en que Arturo profundiza, investiga, medita, diseña. Y cuentan los testimonios de centenares de testigos bejucaleños que Comas Pons construyó un segundo aparato, capaz de soportar su peso, probado en el farallón de una cantera situada en las afueras del pueblo Bejucal.

Hacía allí Arturo se dirigió con su Velocípedo Aéreo, esta vez construido con acero, aluminio, lona, y propulsado por pedales.

Pretendió hacerlo en silencio, pero no lo consiguió: la curiosidad atrajo la atención de mucha gente.

Se montó en su aparato, y tomando impulso se lanzó al vacío y… ¡Voló!

La sorpresa es enorme. Arturo pedaleó con fuerza, haciendo un esfuerzo inmenso por mantenerse en el aire el mayor tiempo posible, logrando volar unos doscientos metros en redondo, hasta que finalmente se impacta contra la pared de la cantera.

Arturo Comas Pons simpatizaba con la causa independentista de Cuba. Fue un activo conspirador contra la España colonial; fundó el periódico clandestino anticolonialista El Bejucaleño.

“Martí, las ventajas que puede proporcionarnos este velocípedo aéreo no creo que se oculten a su perspicacia, toda vez que con media docena de velocípedos se puede arrojar, en medio de la noche, una lluvia de bombas sobre una población o campamento, y sobre todo, con el terror que ocasionaría una cosa oculta y desconocida…”

Así le escribió a José Martí, en carta que aparece publicada en el libro “Contribución a la historia de la aeronáutica y en correo aéreo en Cuba” (Instituto Cubano del Libro, 1972)

Martí no lo apoya. ¿Razones? Según dicen los historiadores, José Martí vivía tiempos muy duros, preparaba expediciones con proa a Cuba, los colonialistas españoles minaban las filas de los tabaqueros cubanos en Cayo Hueso (Florida, USA) para dividirles en sus empeños de acopiar dinero para la causa independista.

José Martí, a pesar de lo mucho que se la pasaba alabando la inventiva humana, describiendo en su revista “Edad de Oro” las novedades científicas que apreció en la Exposición de París…y de hablar tanto sobre su fe en el ingenio de los cubanos, ¡no creyó en Arturo Comas Pons y lo tildó de provocador! al servicio de los que trataban de desacreditarlo ante sus seguidores del Partido Revolucionario Cubano.

Empero, esa respuesta no le hizo cejar en su empeño. Arturo Comas viajó a los Estados Unidos, donde acude a varios compatriotas abogando por la ayuda financiera necesaria para concretar el invento; pero tampoco le apoyan.

Entonces Arturo propone su proyecto al gobierno estadounidense. Aguarda un tiempo prudencial. La respuesta le llega del Departamento de Guerra, donde le notifican que su propuesta no contiene un análisis lo suficientemente descriptivo, por lo cual consideran que el aparato no funcionaría en la práctica.

Pero tampoco esa subestimación, ni otros contratiempos, hacen flaquear al inventor cubano. Insiste, una y otra vez, sin lograr su genial propósito, y tiene que resignarse a ver cómo los hermanos Wright, en 1903, se convierten en los ¿primeros? en volar.

Los hermanos Wright crecieron en la ciudad de Dayton, EE.UU. Sus padres eran personas con estudios superiores, ricos, y de gran espíritu para el aprendizaje.

Las cualidades de sus padres fueron heredadas por Wilbur y Orville. Este último contó: “fuimos muy afortunados al crecer en un ambiente donde siempre había mucho apoyo a los niños para seguir sus intereses intelectuales, para investigar cualquier cosa que nos llamara la atención”.

Ambos hermanos, siendo muy distintos ya que el mayor era callado y el menor extrovertido y aventurero, fueron excelentes amigos durante toda la vida, compartiendo ansias y planes.

Desde pequeños gustaban de juguetes mecánicos, especialmente los que volaban. Al crecer y descubrir las bicicletas, empezaron a repararlas y crearon la Compañía de Bicicletas Wright, donde fabricaron modelos propios. Este taller les sirvió como laboratorio para hacer las partes de los planeadores y del primer avión.

Uno de los puntos más interesantes del trabajo de los hermanos Wright consistió en el método que siguieron para realizarlo, desde la recolección de la mayor cantidad de información disponible en la época hasta la fabricación de todos los componentes de sus aviones, incluyendo los motores.

La construcción estuvo acompañada por un detallado itinerario de pruebas con planeadores, donde aprendieron a volar en las playas de Carolina del Norte, cada año, desde 1900.

En 1903, los hermanos Wilbur y Orville son los primeros reconocidos en volar con un biplano propulsado a motor.

La proeza fue, inicialmente, un vuelo de breve duración, concretado el 17 de diciembre, en Kitty Hawk, Carolina del Norte, USA, y marca el inicio de la aviación en el mundo.

Por primera vez, un ingenio humano más pesado que el aire, y gracias a un motor de gasolina, logra un ascenso, vuelo, y descenso controlado. Éxito posible luego de muchos años de pruebas y más de mil intentos, producto de sus inventivas y habilidades mecánicas. Fue el resultado de adecuar un motor de baja potencia y poco peso, capitalizándose las experiencias sobre sustentación y aerodinámica ensayados durante una década.

La trascendencia de los hecho por los Wright pasa inicialmente desapercibida para la mayoría de la prensa, que desestiman su publicación, como es el caso de la agencia Associated Press que incluye la noticia semanas más tarde, con tan sólo una breve mención en sus reportes internacionales y sin mayores comentarios.

Los intentos de registrar el invento ante la Oficina de Patentes de los Estados Unidos obligan a los Wright a invertir crecientes recursos económicos y legales a lo largo de los próximos tres años.

El 1905 los Wright demuestran en Dayton, Ohio, con su modelo Flyer III, disponer de un avión confiable al volar durante 38 minutos y así establecen un nuevo record mundial de tiempo en vuelo.

Sus pasos serían seguidos por otros pioneros, pero, recién al final de aquella década, es que la aviación logra tomar un impulso definitivo al comenzarse a construirse los primeros aviones militares.

La incipiente aviación encuentra, entretanto, el escenario de otros resonantes avances: en Francia es donde los hermanos Wright obtienen que les fue regateado en su propio país.

Wilbur murió a los 45 años, de fiebre tifoidea, en 1912. Orville promovió la aeronáutica por el resto de su vida, hasta 1948, cuando falleció a los 76 años.

¿Y Arturo? Había regresado a Cuba, tras el fin de la guerra de independencia, para residir en la ciudad de Colón, provincia Matanzas, en el occidente de la Isla, y donde fungió como profesor de agronomía en la granja docente “Álvaro Reinoso”, de la que más tarde sería su director.

Aunque vio frustrados sus esfuerzos por disponer el Velocípedo Aéreo, “antes que nadie a la patria”, Arturo Comas Pons prosiguió dando riendas sueltas a sus capacidades creativas y realizó varios experimentos exitosos: construyó un pluviómetro muy novedoso para la época e instaló un “moderno” observatorio astronómico en la escuela donde trabajó incansablemente hasta que en 1918, a la edad de 83 años, lo sorprendió la muerte, dejando atrás múltiples proyectos e investigaciones de avanzada sobre astronáutica, física, agronomía.

Hoy se conservan en el Museo de Historia de su natal pueblo habanero Bejucal, una foto de Arturo, el diseño del Velocípedo Aéreo, el acta parroquial donde testigos afirman que lo vieron volar, y la carta que Arturo Comas le dirigió a Martí:

Sr. D. José Martí

New York

Muy señor mío:

Con motive de haber inventado un aparato, que bien pudiera llamarse velocípedo aéreo y que me ha dado brillantes resultados; creo mi deber dedicarlo, antes que nadie a mi patria, por lo que dirijo a usted, para si tiene a bien ayudarme en las pruebas que me mayor escala necesito hacer, para hacerlo aplicable a los usos de la guerra. El aparato hecho por mi funciona admirablemente, se mueve en todas las direcciones y vence cualquier corriente de aire.

Mi objeto es hacerlo en condiciones que pueda moverse por la fuerza del hombre o por la electricidad.

Su costo, incluyendo mi viaje y el de mi esposa, a quien no puedo abandonar aquí, y nuestros gastos particulares que serán reducidos, los calculo en tan diez mil pesos, dado que tenemos que hacer todas las piezas nuevas y algunas repetidas veces, si no el aparato entero, y dado también que tenemos que elegir un punto solitario para las pruebas que deberán hacerse prudentemente.

Las ventajas que puede reportarnos el velocípedo no creo que se oculten a su perspicacia, toda vez que con media docena de ellos se puede arrojar, en medio de la noche, una lluvia de bombas sobre una población o campamento sin ser visto y sobre todo con el terror que ocasionaría una cosa oculta y desconocida.

No enviaré plano alguno, por no tener patente, y dejo a mi sola dirección la construcción de las piezas.

Puede asaltar a usted la desconfianza y en este caso usted y yo trataremos.

En caso de no aceptar esta oferta, que tanto nos elevaría, espero guarde la más absoluta reserva sobre este asunto.

Sin más, B.S.M.,

Arturo Comas Pons

S/C Armas 41

Bejucal, Habana, Mayo 25/1893

Arturo Comas Pons, sabio cubano, que realmente fue el primer humano en volar.

Por: Roberto Trobajo; Director de AL Press

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