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DESGARRANDO ESPERANZAS

Por Roberto Trobajo; Director General de AL Press


Migrar es duro, desgarrante; aun así, en los años 70, los inmigrantes de todo el mundo venían para América Latina, tendencia que se revirtió por los graves problemas que agobian a nuestros países.



Hoy más de 100 millones de latinoamericanos viven en América del Norte y Europa, dado el fuerte magnetismo que ejercen sobre los latinos; según la Organización Internacional para las Migraciones OIM.

Empero, las remesas de los latinos, aunque han alcanzado una magnitud trascendental, no hacen crecer las economías latinoamericanas, por lo que los beneficios de la migración son insustanciales.

Sin embargo, se puede frenar ésta migración, e incluso revertirla para que vuelva a ser como en antaño.

Sólo una política socialdemócrata podrá devenir en el imán que nos mantenga acá y atraiga a los de otras latitudes, a quienes no tildo de foráneos ni de extranjeros, porque todos somos iguales humanos y ciudadanos del universo.

La década de los setenta resultó fatua para las economías subdesarrolladas por la aplastante deuda externa que empezó a estrangular a nuestros países; deuda cada vez más asfixiante, generadora de las tantas carencias que empujan a los latinos hacia USA y Europa, los principales acreedores; de ahí parte la reversa de la migración hacia América Latina y el éxodo de tantos latinoamericanos.



Vivimos sufriendo convulsiones sociales que desencadenan violencias, crisis económicas, corrupción, más desempleos, falta de educación, escasez de viviendas, precaria salud, y cada vez menos oportunidades de desarrollo humano.

Colombia es un vivo reflejo: país muy inequitativo donde la deuda externa ya equivale a más del 60% del Producto Interno Bruto. es decir, casi la mitad de lo que se produce es para pagar una deuda impagable.

El resto de Latinoamérica está igual de agobiada, con similares males y aún peores, basta con mirar a los vecinos, desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

Sin desarrollo económico, lo social se nos viene abajo y la paz seguirá siendo la anhelada ausente.



Si el mundo quiere frenar la migración latina, pues que los países acreedores de la deuda externa la condonen para que nuestros gobiernos destinen esos billones de dólares que se dejarían de pagar a invertirlos en educación, viviendas, mejor salud, emprendimientos; así viviremos en paz, con bienestar, dándole oportunidades a todos… evitando que nuestra gente siga migrando en pos de sobrevivir en otras condiciones que sabemos son muy duras, traumáticas, desgarrantes, soportándolas por la motivación perenne de regresar algún día para vivir bien.

Aun sabiendo que la migración es ancestral, podemos revertirla, si somos más solidarios con todos y por el bien de todos.

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