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AL FILO DE LA MUERTE

Por Roberto Trobajo Hernández; Director General de AL Press

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Ser periodista requiere de valentía, máxime cuando se investiga; amenazas, intimidaciones, agresiones, ponen en peligro a comunicadores comprometidos con la difusión de verdades.

 

La honestidad periodística conlleva riesgos altísimos -persecuciones, secuestros, muerte- y muchas veces los reporteros resultan víctimas fatales.

 

Según la Federación Internacional de Periodistas (FIP) cuanto más amplio es el acceso de los periodistas a zonas de conflictos son más los que fallecen, pero mejor son las informaciones (muy veraces) que recibe la ciudadanía…de quienes reportan noticias, exponiendo sus vidas.

 

Colombia es el segundo país latinoamericano más peligroso para hacer periodismo; afirma Reporteros Sin Fronteras (RSF).

 

La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) insiste en que la violencia contra los periodistas y la persistencia de los homicidios de reporteros, es una forma de silenciamiento social cada vez más severa.

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Rafael Poveda, siendo muy joven, regresó a Colombia, dejando atrás éxitos en USA, pues el anhelo de trabajar para su país pesó más que los premios Emmy.

 

Ser temerario, podría ser el único defecto notable o una virtud muy relevante -según se vea- de Rafa Poveda. Nunca ha tenido miedo, y es indetenible cuando va por una noticia. Así le acechó varias veces la muerte.

 

Elocuentes hechos que pudieron ser fatales fueron cuando una torpedera de la marina cubana embistió la lancha desde donde reportaba uno de los éxodos de balseros hacia la Florida. La Parca también le rondó en Bogotá el día en que estuvo expuesto a que otra bomba cegara más vidas, mientras él cubría uno de los cruentos atentados terroristas que azotaron a la capital colombiana. Durante décadas estuvo en la mira de guerrilleros y paramilitares.

 

Cuando el gobierno de Andrés Pastrana, entre el 8 y el 15 de febrero del 2000 -en el Norte de Santander, donde confluyen las carreteras que llevan a Ocaña y Aguachica del César: la Y de Aguas Claras- se pretendió despejar el sur de Bolívar para negociarse con el Ejército de Liberación Nacional, el ELN, la segunda guerrilla más grande y poderosa, después de las FARC.

 

Los “paracos” de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) se oponían a que le cedieran a los “guerrillos”; y en esa Y organizaron un supuesto paro campesino para sabotear la paz.

 

Rafael fue a la Y en busca de verdades. Preguntó tanto que el jefe de los “paras” allí lo quiso matar, estuvo a nada de asesinar al periodista.

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Kevin Pinzón, uno de los jóvenes periodistas de alta valía que trabajan en Rafael Poveda Televisión (RPTV), con quien hizo dupla al entrevistar a Luis Alfredo Garavito -el peor asesino y violador en serie del mundo- en investigaciones exclusivas y tan exhaustivas, que alimentaron dos importantísimos libros “Tras la sombra de Garavito” y el “Reflejo de la Bestia” que ya saldrán a la luz en esta Feria Internacional del Libro de Bogotá Filbo…

Este joven periodista conoció sobre la existencia de Alexander Gutiérrez, “Picua,” quien también respondía al alias de “Giovanny Franco”, cuando hacía parte de las AUC, otro asesino terrible, quien confesó que iba a matar a Rafael aquella vez en la Y.

 

Veinte y tres años después, Kevin presentó “Picua” a Rafael, y en uno de los estudios de RPTV, sentados frente a frente, el victimario conversó durante horas con quien iba a ser una de sus víctimas.

Un torbellino emocional, muy fuerte, estremeció a los dos hombres, cruzándose sus destinos, volviendo a confluir.

“Las historias individuales, por más personales que parezcan, están envueltas por una más grande: la historia social y política, que nos atraviesa a todos”; afirma Rafael Poveda en su libro El día en que me iban a matar, una crónica estremecedora que también será presentada en el stand de Testigo Directo Editorial, durante la Filbo, que acontecerá del 18 de abril al 2 de mayo, en Corferias, Bogotá.

Los milagros se hacen, a veces con intervención humana; y Rafael Poveda es paradigma de caminante al filo de la muerte.

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